Creo que mis recuerdos son lo único que me sostienen. El recuerdo de aquellos momentos felices; mi esperanza. Si dijera que no he sido feliz, mentiría. Aunque yo haya nacido para ser ese tipo de mujer inconforme, reconozco que encontré, una vez, alguien que me hizo querer ir más despacio.
Toda mi vida me la he pasado corriendo, huyendo, cambiando de opinión. Pero una estrella, fugaz, me mantuvo admirando la vida, como se admira una obra de arte. Pero por su carácter fugaz, me abandonó. Me dejó en ese mismo lugar donde me encontró, en el vacío, en la nada misma.
Pero... ¿Qué es la nada?. La nada es eso, nada. Qué suspicacia la mía dirán. Pero es cierto la nada es nada, la nada es todo. Como cuando me pregunta "¿Qué tienes?" y yo respondo "Nada". Es decir TODO, tengo todo. Rabia; dolor; tristeza; ganas de reír; ganas de llorar hasta secarme por dentro; ganas de ser otra; ganas de lanzarme desde un décimo piso, caer, romper mi cabeza en mil pedazos.
Sin embargo, esa persona no soy yo. Yo no tomaría una salida tan fácil, del todo. Si alguna vez decidiera matarme, sería algo menos fugaz. No me gustan las cosas fugaces, no me gustan las sorpresas. Pero el amor es millones de situaciones que caen de sorpresa, el amor es una sorpresa. El amor y sus particularidades son una sorpresa, que como viene se va. Y yo me voy, yo soy amor, también desolación y amargura. Soy miles de contradicciones, soy demonios y miedos. Soy la pintura que nunca pintaría, el trago amargo que nunca tomaría.
Pero vos me bebisté, y me dejaste como un vaso vacío. Sin sentido, sin nada. Deja que el mundo me rompa contra el muro, todos los días, llamado tu ausencia. Tu ausencia, se siente en el aire que respiro.
Se siente en mí, y en ti, porque no eres, no soy, no seremos, jamás.
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